Ciudad de México en la incertidumbre: somos aspiracionistas

Por Dora Isa González

“El agua no está contaminada”, 12 días después, también escuchamos de las autoridades de la Ciudad de México decir: “son funcionarios de la alcaldía los que hacen las protestas … hay muchos intereses detrás”. Mientras tanto, la ciudadanía afectada de Benito Juárez (y de otras alcaldías) seguirá manifestándose hasta que se resuelva el problema con este vital líquido, muchos de ellos ya con daños en la piel y quien sabe que otras consecuencias no visibles. Toco madera.


Las excusas, son parte del discurso típico de quienes, sobrepasados, no son capaces de aceptar la causa legítima que afecta a todos nosotros y que la participación de actores en la “cosa pública” siempre estará vigente (incluyéndolos). Es una forma tan errónea e ineficaz de reaccionar que se repite en su historia, como si los guinda no hayan aprendido suficientemente bien de la caída de la línea 12.

Además, haciéndose de muchas teorías, quieren construir el relato de ¿por qué sucede esto en tiempos electorales?, aludiendo que hay manipulación en el asunto, sin embargo, la verdad llana, se responde con otro cuestionamiento: ¿por qué se dejó de dar el debido mantenimiento a la ciudad?

Y es que, una vez acabada la pandemia, llevamos más de dos años de pre – pre (pre) campaña en el país, en que la propia inercia en el gobierno capitalino (y de todo México) descuidaron su función básica, y diría yo, la mejor carta de presentación electoral que pudieron haber tenido: en dar mantenimiento y atender la infraestructura y necesidades de nuestra entidad.

Puedo decir que, ni siquiera los actores que ya transitaron en el palacio capitalino para estar de lleno en la campaña para su cargo de elección popular o apoyando alguno, ni tampoco a los que dejaron de encargados del despacho, han dimensionado lo que significa que, desde la mitad del sexenio, el esfuerzo y recurso que debió usarse para sostener esta metrópoli va empezar a mostrar sus dolencias por doquier.

Ya lo observábamos en las condiciones precarias del metro de la ciudad, el aumento de la inseguridad y sobre todo en la atención a la ciudadanía en los distintos servicios a los que se acude, donde siempre dicen implícitamente: “estamos sobrepasados, porque trabajamos aquí y atendemos la campaña”.

Esto ha causado un estrés no solo para la sociedad capitalina, sino para los servidores públicos que con sueldos precarios están a pie de cañón dando la cara, por un grupo privilegiado que poco les interesa su bienestar. ¿Cuántos han sido víctimas de ir “voluntariamente a fuerzas” a los mítines o brigadas para mantener su empleo? Pero recuerden, ustedes votan, libre y secretamente. Es su derecho y dignidad.

Sumando a ello, vemos dos extremos del oficialismo CDMX que nos deja patidifusos: la mentira del “todo esta bien” o el cinismo de “así son las cosas”.

Del primero, como parte de la formación de cuadros de los guindas, se les ha enseñado que todo el que protesta, es cómplice del neoliberalismo, en que ellos, los “simpatizantes” son los guardianes de la lucha por la transformación, mismos que son usados como escudos, de los que en realidad, secuestran las instituciones y el partido para mantenerse en el poder y sus privilegios. ¡Qué gran estrategia, dar ideología como opio para que nunca se percaten que nos llevan al abismo!

Del segundo, nos han dicho, que muchos candidatos de la 4T presumen de tener la victoria y aprovechan para empezar a poner reglas de la continuidad por medio del cobro de derechos de piso, caso más resaltante, en la Gustavo A. Madero, en que dicen sus habitantes, que el candidato de Morena, pasa a los comercios preguntando cuánto le van a dar o si se van alinear para garantizarles su seguridad porque “es obvio que ganará y no querrán problemas”; o en el caso del sur, como Xochimilco en que tienen secuestrados los pozos y “suspendidos” los ejidos.

La clase trabajadora igualmente ha sido la más afectada, en que sindicalistas han sido culpados por el oficialismo de todos los males de la ciudad, mientras que, con mano de garrote, también les cobran “por afuera” los materiales que usan. Mismo caso con los campesinos. Y no se diga de los policías, que les quitaron su caja de ahorro, sin saber qué se hizo con esos millones de pesos. Finalmente, pero no los únicos, los servidores de la nación, quienes viven como neo proletariado del Estado, en condiciones injustas y abusivas.

Así es, la Ciudad de México nunca había estado tan mal y por más que se intente corregir los errores de años, solo significará tapar el sol con un dedo.

Para ellos que mantienen el status oficialista, como a veces lo hace transitar en sus fiestas, aseguran con una mano en la cintura, que el efecto de la continuidad de AMLO los llevará a ganar las urnas, y, por tanto, ¿qué importa los pesares del pueblo?

Sin embargo, olvidan que la Ciudad de México es particularmente consciente y como “aspiracionistas” que somos, toleramos hasta que el recipiente está desbordado, y entonces, retumba la tierra, se alza las voces y se elige por el cambio. Ese momento habrá llegado, ¿o me equivoco en su fortaleza?

Aquí y ahora, para que después no sea demasiado tarde.

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