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“Je’m mɨjpɨ’k widyaytyuj” El Diluvio Popoluca |Navegantes Literarios

Fuente: Navegantes Literarios, 3 de septiembre de 2020, CDMX.
Escrito y traducido por: Erasmo Rodríguez López |Jóvenes Plumas
y Miembro de la Red Juvenil El Faro

Mito del “Diluvio” de la cosmovisión popoluca traducido al español y escrita en su lengua original zoque-popoluca.

El Diluvio

En una mañana, un señor salió de su casa rumbo a su parcela para ir a cortar todos los árboles que había en su terreno. Llegando, afiló detenidamente su machete y comenzó a cortar cada uno de los árboles de uno por uno y como eran muy grandes, se cansó muy rápido y se dispuso a descansar un rato debajo de una sombra. Pasada la hora, afiló nuevamente su machete y siguió cortando de uno en uno, cuando se volvió a cansar y vio que el sol se escondía, decidió dejar el trabajo para el siguiente día y jadeante caminó hacia su pueblo. Llegando a su casa, enseguida su mujer le sirvió de comer y le preguntó -ya regresaste, ¿terminaste de cortar todos los árboles? –  a lo que su esposo le contesta –Si, ya regresé, pero no terminé de tumbar todos esos árboles porque son de troncos muy grandes y se tardan en caer, pero iré otra vez mañana, quizás ahora sí lo termino-.

Anocheciendo, antes de dormir, como era costumbre del señor, se encomendó a Dios por todo lo que había realizado en el día, agradeció por su trabajo, por la vida y por los alimentos que llegan a su mesa. Luego muy de mañana, el señor y su esposa se levantaron y le dieron gracias a Dios por otro día más, y después de desayunar, el señor agarró su machete, la lima y su pozole y se fue rumbo a la parcela. Cuando llegó, se llevó una gran sorpresa, algo que no se podía creer: todos los troncos que había cortado en el día anterior estaban nuevamente en su lugar, sin ningún rasguño; como si no se hubieran cortado nunca. Entonces se preguntó así mismo –¿qué habrá pasado aquí?, yo recuerdo que corté varios troncos y ahora se ve que ninguno está en el suelo-.

Como todos los árboles estaban en su estado normal, nuevamente comenzó a cortar los mismos troncos hasta cansarse otra vez, así pasó todo el día hasta que regresó a su casa muy cansado, su esposa le sirvió de comer y le preguntó –¿cómo te fue? – y su esposo le respondió –algo que no comprendo pasó en la parcela, todos los árboles que corte el día anterior no estaban en el suelo, todos están pegados en el tronco de donde los corté, como si nada hubiese hecho-. Ante lo que había pasado, ya puesta la noche, el señor fue a conseguir un hacha de mejor filo, para ir a cortar todos los árboles restantes y así terminar con su trabajo.

Y así amaneció, el señor nuevamente le dio gracias a Dios y se fue a la parcela a cortar los árboles que faltaban; y pegó con fuerza y velocidad con su hacha, pero como eran troncos grandes y consistentes, ni con su nueva herramienta pudo terminar de cortarlos.  Al llegar el medio día, el señor se puso a descansar debajo de una sombra y cuando estaba a punto de quedarse dormido, sintió el susurro del viento en su oído y escuchó una voz potente que venia del cielo – ¿Por qué todavía estas tirando los árboles?, ¿acaso no sabes que pronto se destruirá toda la tierra conocida y no quedará nada?-, el señor, en su espanto, inmediatamente le preguntó -¿Quién eres y de dónde me hablas? -, aquella voz le contestó –yo soy Él Dios, que te habla desde el cielo, y muy pronto vendrá el diluvio y no quedará nada sobre esta tierra, por eso, todos los árboles que tú has talado yo los puse en su lugar, porque el dia de la destrucción está cerca. Ahora ve al pueblo y anúnciales a todos tus mismos hermanos lo que yo he dicho.

Terminando de escuchar todo lo que Dios le había dicho, el señor regresó sin detenimiento a su casa y más tardecita, con todas las buenas voluntades, reunió a la gente del pueblo para decirles que pronto llegaría el diluvio porque así lo dijo Dios desde el cielo; sin embargo, para su lamento, nadie le creyó, y así el pueblo lo tachó de loco y mentiroso, la gente decía que –nadie podía ver a Dios y menos que llegaría un dichoso diluvio-. Así que muy desanimado, el señor regresó a su casa y se quedó pensando sin dormir, en cómo convencer a su pueblo de lo que Dios le había encomendado.

Así que al día siguiente fue a su parcela y  vio que los troncos nuevamente estaban en su lugar, pero esta vez ya no dijo nada, al poco rato nuevamente escuchó la voz de Dios que venía del cielo y le preguntó –¿qué ha sucedido?, ¿le has dicho a tus  hermanos de lo que pasará pronto en esta tierra?-, el señor le contestó –hice lo que me has pedido, pero ninguno me ha creído, todos me han dicho un loco y mentiroso-, para esto Dios le dijo –No caigas en la angustia hijo, si ellos no creen en la palabra que te he encomendado, no angusties, tú has cumplido con lo que yo te mande y me has creído-. Y Dios le dijo al señor –ve por segunda vez y diles que yo te he enviado a decir que pronto llegará el diluvio y si no creen será esa su última oportunidad-, dicho esto; no se volvió a escuchar la voz y enseguida el señor regreso al pueblo para anunciar con sus hermanos lo que había escuchado, pero la gente al escuchar el mismo mensaje, le dijeron que estaba loco, inclusive, que a lo mejor estaba embriagado. Sin otra esperanza, el señor al terminar de escuchar todo eso, decidió irse a su casa.

Al día siguiente, el tercero desde ver el milagro, fue a darse una vuelta por la parcela y al poco rato, con el susurro del viento escuchó la voz de Dios que le decía –¿les has dicho lo que yo te he mandado a transmitir?- y el señor le contestó –Si señor, pero todos me han dicho que estoy loco y borracho, que no sé lo que digo y nadie me creyó- y dijo Dios ­–conforme a mi palabra, fue su última oportunidad y no han creído. Como tú me has creído, yo te doy estas siete semillas que las plantarás y los cuidarás durante siete días y llegando la séptima mañana, cortarás los siete árboles y construirás un arca muy grande, para que antes de la llegada del dia del diluvio, introducirás todo tipo de animales; macho y hembra y todos tus familiares, hijos, nueras, nietos, compadres y comadres, y llevarás comida necesaria porque la lluvia durará cuarenta días y cuarenta noches-.

Y entonces vio que desde el cielo bajaba una mano y que entre las palmas de la mano venía las siete semillas que le ofrecieron al humilde campesino, esa era la mano de Dios, que lentamente bajaba, al ritmo de su voz y con la resplandeciente luz del sol y el color transparente de las nubes; poco a poco, la mano llegó a la tierra atravesando los grades árboles y dejando las semillas en la palma de aquel sencillo creyente hasta que todo se despejó.  

Para esa misma tarde, el señor sembró las siete semillas en su parcela, siguiendo tal cual las indicaciones que Dios le había dicho; remojó la tierra y enterró esas siete semillas a una buena distancia para que no se asombraran el uno del otro; luego el señor muy cansado emprendió su camino rumbo a casa, y su esposa sirviéndole de comer le preguntó –¿qué has ido a hacer en la parcela?, te has tardado mucho- y el señor le contestó –yo he ido a caminar un poco, pero Dios me dio siete semillas que he sembrado en la parcela y me ha dicho que hiciera un arca muy grande, porque Él me ha anunciado que pronto se perderá toda tierra y nosotros junto con todos los animales nos subiremos en esa arca- la señora respondió –entonces si nos vamos a perder, entonces yo le voy a decir a mis comadres y a mis nueras que me ayuden a acomodar el maíz y los frijoles para subirlos también en el arca, pero, ¿y los demás hermanos del pueblo?, ¿dónde se esconderán?- su esposo cabizbajo le contestó –Dios les ha dado una oportunidad pero nadie ha creído y ahora ellos sabrán donde refugiarse-.

Y de esta forma, el señor, iba todos los días a la parcela para ver cómo iban creciendo las semillas que había sembrado, y mañana con mañana veía sorprendido lo alto y robusto que crecían las plantas de las semillas. Llegado el séptimo día, el señor fue a la parcela y cuando llegó vio que había unos árboles de enorme tamaño que salían del lugar donde había sembrado las siete semillas que Dios le otorgó. Así que serenamente habló –mi señor, estoy de nuevo aquí parado junto a estos árboles que ya crecieron muy bien y yo no sé qué hacer para que en el séptimo día esté el arca si son tan difíciles de cortar-, y nuevamente la voz de Dios respondió del cielo –cortarás los siete árboles y construirás una barca muy grande en el tiempo que he dicho, porque ahí vas a meter a todos los animales y a todos tus familiares, porque te he dado siete días para que construyas la barca y yo mismo haré que así sea-, y así sucedió, Dios ayudó al señor a cortar los árboles para que junto a sus hijos construyeran la barca en tan solo siete días.

Con el séptimo día teniendo la barca y los animales y la familia del señor adentro, Dios cumplió su palabra y el diluvio se hizo en cada rincón de la tierra. Es señor era conocido como Noé; y de tiempo en tiempo nadie ha olvidado.

“Esta historia que aún o termina, ha puesto sus letras frente a la noche bajo el sonido de los grillos que escuchan mis pensamientos”

Je’m mɨjpɨ’k widyaytyuj

Tuum kukeja, tuum pɨɨxiñ pud ityɨkkɨ’ɨm wity muiñɨk ikaamjom iga nɨk iwɨtwɨdakpak  je’m kuyaŋjoj ity’wɨp iñaxyuk. Muiñu’ktyim, iwɨ aŋmej ityɨŋoykuy moam moj iwɨtwɨdakpak tumtumtyi’ je’m kuy moam ju’ts agui pɨɨmi’ mɨjtam, jobity’tyi’ so’ps, moam moj jeeji’ tuum uxaŋ kumuŋkɨkɨ’ɨm. Nastyim ijeeji’, eeybɨ’k iŋmej ityɨŋoykuy moam eeybɨ’k moj ityɨŋtɨŋakpak je’m kuy’yaj tumtumtyi’, jesɨk eeybɨ’k so’ps i’am iga nɨkiam je’m jaama’, ichak iyooxakuy patuŋgagam ijaama’ moam so’pxiimɨ wity paityɨgaŋjom. Yaj nu’uki’ ityɨkkɨ’ɨm, jobity’tyi’ iyoomo’ ityobay ichiima’ iga wiguiñ moam ikwa’k –mixeetum, ¿yaj iñtyɨŋakpak ityumpɨy je’m kuy?- iganam iwɨɨdyaya’ ikutsoŋ -jɨ, aseetum, pe dyayaj ampakka’ ityumpɨy je’m kuy iga agui mɨjtam imɨjtay chokoyap iktɨŋ, pe joymɨ’ eeybɨ’k anɨkpa’, siju’uchtyim joymɨ’ jɨ yajpam.

Pi’chabam iityi’, wintyityim iga moŋbam, juty’pɨgam ikuyujkane’ je’m pɨɨxiñ, ijɨykimay tan oomi’ Dius iga tyityam’am iwat je’ je’m jaama’, ichi’ yukwɨbam iga yooxa, iga ity, iga je’m wi’kuyyaj nu’k imensajyuk. Jobity’tyi’ pɨɨmiñam kukeja’, je’m pɨɨxiñ moam iyoomo’ tsugumyaj ichi’yaj yukwɨbam tan oomi’ Dius iga tuŋgagam jaama’ kukej, okmɨ’ yajtyim wi’kkukeji’, je’m pɨɨxiñ ipɨk ityɨŋoykuy, iŋmejoykuy, iwaayi’ moam nɨk ikamjom. Jesɨk nu’k, ikuixɨy, dyapɨk wɨap taŋkupɨk: ityumpɨy je’m kuy ityɨŋakpaknewɨ’p matɨ’kpɨk eybɨ’k teñxejniyaj, nidya kujɨtjɨdayñe’, ke’nam dya oyñe’ taŋwɨ’t nityuŋkɨy.  Jesɨktyi’ nakkuakta -¿tyiisɨ nas yɨɨm?, ɨch anjɨɨspa’ iga aŋwɨ’t waatyi’ kuy moam sɨ anampa iga nityuum dya’i naxyuk. 

Ju’ts iga ityumpɨy je’m kuy ity jutypɨ’ktyim wiñtyi’, moj iwɨ’t je’m kuy’yaj ata so’ps eeybɨk, jempigam nas mumajaama’ ataki  seet ityɨkkɨ’ɨm so’pxiimɨam, iyoomo’ ityobay ichiima’ iga wiguiñ moam ikwa’k –¿ju’utsnam iñoy? –moam iwɨɨdyaya’ ikutsoŋ -Dya aŋkutɨyɨ’p tyi nas kamjom, ityumpɨy je’m kuy jempɨg  aŋwɨ’t matɨ’k dya iiyaj naxyuk, ityumpɨy teñyaj, kenam dyatyi nasne’-, Iga tyiam nasne’, nu’k tsu’u’ oy ikuam tuum achaj wɨ aŋmejta, iga nɨkpa’ iwɨdakpak ityumpɨy je’m kuy tsɨy’ñewɨ’p moam iga jesɨk k yajpam iyooxakuy.

Moam jempɨgam kukej, je’m pɨɨxiñ eeybɨ’k ichi’ yukwɨbam tan oomi’ Dius moam nɨk kaamjom iwɨdakpak je’m kuy tsɨy’ñeyajwɨ’p; ichija’y jobity’tyi’pɨɨmi’ iachajmɨ’, ju’ts iga mijtampɨ’k kuy moam kamamtam, ni iachajmɨ’ yaj iwɨtwɨdakpak. Jesɨk nu’k kubapjaama’, je’m pɨɨxiñ nɨk jeeji’ tuum kumuŋkɨkɨ’ɨm moam jesɨk moŋaŋjakpa’ idyɨk, ijamay je’m saawa’ ixujo’yi’ ityatsɨkkɨ’ɨm moam imatoŋ tuum mɨjpɨ’k jɨɨyi’ miñipɨ’k sɨŋaŋkoobak -¿tyiganam sɨb impakka’ je’p kuyyaj?, ¿ke dya iñjodoŋ iga dyam ja’yñe’ iga aktogoytyap yɨ’p aŋnas tan amwɨ’p moam dya tyi tsɨ’ypa’?-, je’m pɨɨxiñ, aŋje’kimɨ’, jobity’tyi’ ikwa’k -¿mich mi’ii  moam juty anjɨyaypa’?,  Je’m jɨɨyi’ ikutsoŋ ɨch je’m iñ oomi’Dius mijɨyaypa’bɨk sɨŋaŋkoobak, dya ja’yñe’ miñpa je’m mɨjpɨ’k widyaytyuj moam dya tyi tsɨ’ypa’ yɨ’p naxyuk, je’eyuk, ityumpɨy je’m kuy iŋwɨtnewɨ’p eeybɨ’k anakteñxeet , iga kuyajpa’ yɨ’p iityi’ toomiam ity. Sɨ nɨkɨ’ iñtyɨgaŋjom moam aŋmadayyajɨ’ ityumpɨy iñtyɨɨwɨtam tyiam ɨch anɨm.

Je’m pɨɨxiñ yajtyim Imatoŋ seet ityɨkkɨ’ɨm, niju dya teñaŋjak maj tsuya’am , kun ityumpɨy wɨbɨk ianmaj, iŋtumawat ityɨɨwɨtam ityɨgaŋjompɨ’k  iga ikjodoŋap iga dya ja’yñe’ nu’kpa’ je’m mijpɨ’k widyaytyuj iga jempɨgam jɨyket tan oomi’ Dius sɨŋaŋkoobak, agui u’guytyim, dya kupɨgaytya tyi nɨm, moam je’m pɨɨxiñ  je’m tɨgaŋjom kooñxusuyajta iga mɨgoypatyim, nɨmyajpa’ iga –dya i wɨap iam Dius moam maj siga nu’kpa’ tuum widyaytyuj. Je’yukmɨ aŋyakimɨ’ je’m pɨɨxiñ seet ityɨkkɨ’ɨm moj ijɨs iga jutypɨk iŋwɨ’ɨypa’ ityɨgaŋjoj juty’pɨgam Dius iñɨmay.

Je’eyuk ikukejaamatyi’ nɨk ikamjom moam i’am iga je’m kuy eeybɨ’k teñyaj, pe sɨɨ dyam tyi nɨm, dya ja’y eeybɨ’k Imatoŋ je’m Dius ijɨɨyi’ miñpabɨk sɨŋaŋkoobak moam ikkuak -¿tyi nasne’?, ¿iññɨma’y iñtyɨɨwɨtam tyiam naspa’ yɨ’p naxyuk?-, je’m pɨɨxiñ ikutsoŋ ­–aŋwat tyiam annimay, pe nityuum dya akupɨk’yaj, ityumpɨy akoñxusuyajyaj moam amɨgo’ypa’-. Dius iñɨmay je’m pɨɨxiñ –nɨkɨ eeybɨ’k moam nɨmayyajɨ iga ɨch maŋkutsatne’ iga iñaŋmatpa’ iga miñpa’ je’m mɨjpɨ’k widyaytyuj moam siga dya ikupɨkyajpa’ iŋ’aŋam iñaŋmatpa’-, jaytyim nɨɨmi’; dyam imatoŋay ijɨɨyi’ moam jobity’tyi’ je’m pɨɨxiñ seet ityɨgaŋjom nɨk ikjodoŋa ityɨɨwɨtam tyiam Imatoŋ, pe je’m tɨgaŋjompɨ’kyaj yaj ikumatoŋyaj je’tyim aŋmaatyi’, nɨmaytya iga koñxusu’, u iga ukne’. Dyam tuŋgag ijɨɨxi’, je’m pɨɨxiñ yajtyim ikumatoŋ, nɨk ityɨkkɨ’ɨm.

Tuŋgagam ijaama’, tukuna jaama’am nasne’ mu i’am je’m jɨɨywɨbɨ’k, oy widyaŋseetyi’ ikaamjom, dya ja’y, je’m sawpoyiyuk imatoŋay Dius ijɨɨyi’ iga iñɨɨmay -¿iññɨmayyaj tyiam ɨch mannɨmay nɨguiñ iñaŋmat?-, je’m pɨɨxiñ ikutsoŋ –jɨ man oomi’, pe ityumpɨy anɨmayyaj iga akoñxusu’ aukne’, ki dya anjodoŋ tyi anɨmpa’ moam dya i akupɨgay-, moam nɨm Dius,  -juty’pɨgam ɨch nɨmpa’ anaŋmaatyi’, iaŋam yɨ’p iga ikupɨkyajiñ idyɨk y dya ikupɨkyaj. Ju’ts iga mich aŋkupɨk , ɨch mañchi’iba’ sɨ mosna wɨsteen yɨ’p pak iññippa moam iŋkuixpa’ mosna wɨsteen jaamajom nuguiñ iŋaŋpɨgam kukeja, iŋwɨ’tpa’ ikumosna wɨsteen je’m kuy moam iwatpa’ tuum widyay aaja’ pɨɨmipɨ’k mɨj, iga jesɨ’k dyanam nu’kne’ je’m mijpɨ’k je’m widyaytyuj, ikukompa’ ityumpɨy je’m animatyaj jaaya’ moam yoomanimat moam ityumpɨytyim iñtyɨɨwɨtam, immanɨk, iñxaaki’, iñookmanɨk, iŋkumpanij, iŋkumanij, moam ja’yaŋ wɨ’kkuy nanɨkɨ’ iga je’m tuj chijoypa’ maktasteen makna jaama’ moam maktasteen makna tsu’u.

Moam jesɨk i’am iga sɨŋaŋkoobak ketpa imiñ tuum kɨ moam ikɨtsokoyjom miiñi’ mosna wɨsteen je’m pak chityawɨ’p je’m kampɨɨxiñ, je’m kɨ kejwɨ’p Dius ikɨ, chokoymɨpɨ’k keetyi’, juty’pɨgam jɨɨypa’ iju’uts agui wɨ jaama’ ichooka’ moam jutypɨ’k taŋkuamnaspa’ u’ksa’, uxtyam uxtyam, je’m kɨ nu’k naxyukmɨ’ ikujɨmnas je’m mɨjtampɨ’k kuyaŋjoj moam ichak je’m pakyaj je’m pɨɨxiñ ikɨtsokoyjom ikupɨkwɨ’p Dius ok ataki kunaj ityi’.

Je’etyi’ kutsuyaji’  je’m pɨɨxiñ iñip ikumosna wɨsteen je’m pak ikamjom, juty’pɨgam iñɨmaychak Dius, ikuxi’ks nɨ’ɨmɨ’ moam ikukum mosna wɨsteen je’m pak ju’umtamjom iga odoy nasamyajtaiñ, okmɨ je’m pɨɨxiñ agui so’psneum ipɨk ityuŋ pa ityɨkkɨ’ɨm, moam iyoomo’ ityobay ichiima’ iga wiguiñ ikkuak -¿tyi oy iŋwat kamjom?, agui mija’y-, je’m pɨɨxiñ ikutsoŋ -ɨch oy awiityi’ uxaŋ, pe Dius achi’ mosna wɨsteen pak aññipwɨbam kamjom moam anɨmay iga aŋwadyiñ tuum aaja’ pɨmipɨ’k mɨj iga je’ akjodoŋaoy iga dya ja’yñe’ tatogoytyampa’ moam taɨchtyam aŋtumjom moam ityumpɨy animatyaj takim’tampa’ je’m aajajom-, je’m yoomo’ kutsoŋoy -jesɨk siga tatogoytyampa’ ɨch annɨmaypa’ aŋkumanijyaj moam añxaktyam iga ayooxpatyajiñ aŋwɨtsak je’m ɨkxi’ moam je’m sɨk iga anakkimpatyim aajajom, pe, ¿moam je’m tɨgaŋjompɨ’kyaj?, ¿juty yamyajpa’-, iwɨdyaaya’ aŋyakiimɨ’ ikutsoŋ –Dius iŋmattɨ’p pe dya i ikupɨk moam sɨ je’yaj ijodoŋ juty yamyajpa’-.

Moam yɨ’ɨmpɨgam, je’m pɨɨxiñ, nɨkpa’ ityumpɨy jaama’ ikamjom iga nɨkpa i’am juty’pɨ’k mijabiñɨk je’m pak iñipnewɨ’p moam kukeja’ kun kukeja’ agui i’ampa’ iga pɨɨmiam agui wɨ yonmɨjaneum je’m pak iñipnewɨ’p. Nu´k mosna wɨsteen jaama’, je’m pɨɨxiñ nɨk ikaamjom, moam nu’k i’am pe mɨjtampɨ’k kuy putne’ juty iñip je’m pak Diuspɨ’k ichiñe’. Ok chokoymɨtyi’ jɨy –man oomi’ yɨ’ɨmgagam aity juty ity yɨ’p kuyyaj agui wɨ mijayajwɨ’p moam ɨch dya anjodoŋ juty’pɨ’k aŋwatpa je’m widyay aaja’ iga idyiñam jesɨk nukum mosna wɨsteen jaama’ agui taŋka’ taŋwɨ’t- moam eeybɨ’ktyim kutsoŋoy Dius sɨŋaŋkoobak –iŋwɨ’tpa’ je’m mosna wɨsteen kuyyaj moam iŋwatpa’ tuum aaja’ pɨɨmipɨk mɨj jutsaŋam ijaama’ mannɨmayñe’ iga jemum iŋkukompa’ ityumpɨy e’m animatyaj moam iñtyɨɨwɨtam iga mañchi’iñe mosna wɨsteen jaama’ iga iŋwadyiñ  je’m aaja’ moam ɨchtyim añtyiñ’tayap iga jempɨgam naxiñ-, moam jempɨgam nas, Dius iyooxpat je’m pɨɨxiñ iwɨ’twɨdakpak je’m kuy iga kun imanɨktam aŋtumjom iwat’yajiñ je’m aaja’ mosna wɨsteen jaamajom.

“Dya yɨ’ɨm kuyajpa’ yɨb aŋmaatyi’, aŋwat pi’ichkɨ’ɨm kun tsu’uñi’iwaañimɨ’ iga jesɨgam anjɨɨspa ityumpɨy”.


Erasmo Rodríguez López

ERA

Nacido en El Aguacate, comunidad de Hueyapan de Ocampo, Veracruz; así como es residente actual del municipio de Tatahuicapan de Juárez dentro de la Región Sur de la Sierra de Santa Marta, Veracruz, tiene sus orígenes en el grupo étnico popoluca que predomina en el municipio de Soteapan y habla orgullosamente la lengua indígena zoque-popoluca.

Egresado del Programa de Liderazgo para Jóvenes Indígenas por la Universidad de las Américas Puebla, en su edición 2019 sobre políticas públicas; asimismo fue integrante del proyecto que se diseñó en el PLJI sobre la “Promoción de la lecto-escritura de la lengua tutunakú en el ámbito educativo en Ignacio Allende (Concepción), Atlequizayan, Puebla”.

Es estudiante investigador de la Licenciatura de Gestión Intercultural para el Desarrollo en la Universidad Veracruzana Intercultural UVI Sede Las Selvas que se ubica en la comunidad de Huazuntlán municipio de Mecayapan.

Ha participado como ponente en coautoría de “Entretejiendo Aprendizajes, Experiencias y Reflexiones desde la Experiencia Educativa de Pensamiento Crítico para la Solución de Problemas” realizado en el Primer Foro Regional del Área de Formación Básica General efectuado en la Universidad Veracruzana Campus Coatzacoalcos; asimismo en la Conferencia “Las Políticas Públicas Sobre la Educación en Hablantes de una Lengua Indígena” realizado en el VII Congreso Internacional y IV Congreso Nacional de Investigación en Derecho Educativo en la Universidad Autónoma de Chiapas UNACH  sede Tuxtla Gutierrez, así como en el Primer Coloquio Internacional “Los Derechos Humanos en el Siglo XXI” en la Facultad de Derecho Campus III de la UNACH en San Cristóbal de las Casas. Fue miembro del Comité Organizador del Primer Coloquio de Investigación Regional 2019 “Distintas Palabras, Una Sola Voz” de la Universidad Veracruzana Intercultural .

De las colaboraciones más recientes es la traducción en lengua Popoluca de la Sierra resaltan: sobre temas relacionados al COVID-19 con la Radio de Derechos Indígenas de Cultural Survival con Sede en Massachusetts, Estados Unidos; la traducción de guiones de audiovisuales animados sobre el COVID-19 con el Colectivo Vientos Culturales del Estado de Chiapas; y recientemente el artículo “La mujer popoluca portadora de la vestimenta cultural”, publicado en la sección de Cultura y Arte de la Revista Libertad de Réplica.

Twitter: @ErasmoR87316129

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