Opinión

El Papel de los Partidos Políticos y la Cuarta Transformación Nacional en el marco de la COVID-19

Por: Ildefonso Peña Díaz

En todo Estado de Derecho, como lo es México, lo primero que debe prevalecer es la plena vigencia de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, del cual, en su entramado normativo se desprende la noción de democracia establecida en su Artículo 40, cuando refiere que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos…”. Y en esta tesitura nomológica, los partidos políticos, tienen una injerencia elemental, porque encausan y definen la voluntad del pueblo, y taxativamente del ciudadano en la vida democrática, lo que tiene como finalidad aportar a la composición de los órganos de representación política, para entonces hacer posible el ejercicio legítimo del poder público, mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo.

Podemos afirmar entonces, según la idea del historiador y político Inglés Thomas Babington, Primer Varón de Macauley, que “…los partidos políticos, hacen posible la democracia…”; efectivamente, los Estados Democráticos toleran la posibilidad de que existan diferencias entre los participantes de dicho proceso y de que se expresen opiniones contrapuestas. Es decir, la democracia desconoce la posibilidad de que una sola persona se arrogue el poder por propio y exclusivo de arbitrio, abriendo el alcor del poder a una multiplicidad de personas, admitiendo así, la crítica, la propuesta y aún la oposición de parte de los propios segmentos de la colectividad.

Los partidos políticos encarnan entonces, las múltiples expresiones de la opinión popular, pero a pesar de sus grandes y diversas discrepancias y contrastes, tienen el mismo propósito y apuntan a un mismo proyecto, es decir, el bien común o lo que es lo mismo, la beatitud de la patria. Con esto refiero que, en nuestro México de la Independencia, La Reforma y la Revolución, ni los yorkinos, ni los escoces, ni los liberales o los conservadores, los reaccionarios ni los progresistas, ni la izquierda o la derecha son enemigos de la nación; lo que sucede es que cada uno, desde su perspectiva, ha tenido conceptos muy particulares de lo que representa la prosperidad nacional y disponen e inquieren medios disímiles, en la eterna búsqueda del bien común.

Esto nos lleva a comprender, que es indiscutiblemente absurdo, que el componente humano de una Estado-Nación piense obligatoriamente igual y pretenda exactamente lo mismo; y por tanto, resulta totalmente injusto, condenar a unos porque no piensan como nosotros; porque no tienen el mismo criterio sobre el actuar del gobierno en turno; o porque su punto de vista de la cosa pública es discordante con el propio, o más aún, porque pretenden el bien de la patria por medios contrarios a los nuestros.

Es una sandez pretender que la nación se agrupe en torno a un sólo criterio político, porque esto sería un rudo e irracional atentado contra los principios de la democracia. Y además, el perfeccionamiento de la patria es producto justamente de la pugna de unos y otros, porque uno al otro se vigila, se critica, se señalan sus errores y crean entonces la imposibilidad de perpetuar a los gobernantes o sus ideologías en el poder; pero sobre todo, se siembra la posibilidad de generar múltiples cambios, incluso si estos son radicales, como sucede actualmente con la 4T, una ideología progresista, que tiene una intención muy elevada y que pretende una transformación profunda y pacífica en todo el país, acabando con los privilegios excesivos del gobierno a través de la austeridad administrativa, lo cual redunda inevitablemente en la innovación y mejoramiento del engranaje institucional y de la vida pública.

En estos instantes atravesamos por circunstancias críticas, y completamente ajenas a la voluntad gubernamental, la COVID-19 y sus grandes afectaciones a los sistemas macro y microeconómicos de todos los países del orbe, sin olvidar por supuesto las terribles afectaciones y consecuencias al organismo humano, tanto así, que algunos intelectuales y expertos de talla internacional se han aventurado a referir que nos enfrentamos a un posible ocaso de la raza humana y otros más moderados como Jürgen Habermas, o el epidemiólogo Marc Lipsitch, afirman que será una pandemia muy larga, con serias consecuencias a las economías del mundo.

Se han exacerbado las críticas contra el gobierno del Lic. Andrés Manuel López Obrador y se ha olvidado, que esta es una circunstancia que pone en riesgo a la humanidad entera. No sólo las grandes economías del mundo, ni los preciosos raudales del pasado, ni la historia, ni los ecosistemas están en peligro, esta vez, está en riesgo la subsistencia humana sobre el planeta tierra. Por eso tenemos que confiar en nuestro gobierno, que es un gobierno con ánimo transformador, con experiencia conquistada en años de lucha; con hombres y mujeres titulares en las diversas Secretarías de Estado, que son especialistas en su ramo y que tienen un solo afán, el bienestar de los mexicanos; un gobierno recto, austero, honrado y decidido, que sabe hacia dónde va, a pesar de la descalificación y de la crítica mordaz de sus detractores.

Por eso considero que en este momento resulta inaplazable, acabar con todo motivo de divisionismo, y la política debe dar lugar al patriotismo; no es momento de especulaciones, sino de organización; no es tiempo de ambiciones sino de solidaridad; no es momento para enarbolar la diatriba mordaz, sino para tomar plena conciencia; ni siquiera es el momento de la democracia sino de proteger y preservar la vida humana.

Cualquiera tiene una neurona, para criticar en forma vulgar, pero son pocos muy pocos, los que harán uso de la crítica constructiva; es fácil encubrirse tras un aparato electrónico, pero difícil pararse frente a un auditorio de expertos y opinar, enjuiciar y proponer sobre el tema que nos ocupa.

Cuantos han criticado al Gobierno de México y especialmente a los titulares de las Secretarías de Estado, sin haberse tomado la molestia de haber leído siquiera sus fichas curriculares como la del Dr. Jorge Alcocer Varela, actual Secretario de Salud titulado por la UNAM con mención honorífica, Investigador Emérito del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición y del Instituto Nacional de Salud; Investigador nivel III del SNI, Profesor Honorario en diversas Universidades del Mundo, ha escrito cientos de artículos en revistas científicas, dictado numerosos congresos y recibido múltiples galardones como el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2015, en el campo de ciencias físico matemáticas y ciencias naturales, de quien sólo puedo afirmar que es un verdadero genio en el campo de la medicina. Así, que sólo puedo manifestar que yo confío en el gobierno de mi país, porque no estamos bajo el capricho mendaz de políticos sin saber o de científicos de oropel, que circunstancialmente se encontraron con una valiosa cuota de poder.

México está en peligro, pero afortunadamente está dirigido por mexicanos de primer nivel y todo ciudadano patriota y jefe de familia que así se jacte de serlo, debiera confiar en el sendero que nos ha señalado la Cuarta Transformación Nacional y por lo tanto en este momento no puede haber, priistas, ni panistas, ni morenistas, ni independientes, en este momento solo puede haber mexicanos, dispuestos a contribuir y a preservar el bien más elevado que a los hombres otorgaron los cielos, LA VIDA MISMA.

2 replies »

  1. Con el debido respeto, los partidos políticos cumplen una función social, es cierto, pero también tienen intereses, que se aglutinan claramente en lo que en México denominamos la clase política.
    El gobierno actual ha sido el primero en procurar la división en torno a un país ya de por sí políticamente fracturado. Asimismo, expertos de todas las áreas han expresado en torno a diferentes decisiones, no únicamente el Coronavirus, la arbitrariedad gubernamental y la ausencia de un auténtico Estado de Derecho.
    No se trata de aglomerarse en torno a un gobierno, sino de respaldar colectivamente las decisiones surgidas del diálogo democrático. Un diálogo que este gobierno menosprecia.

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