Coyuntura

Un gran salto … ¿para cuál humanidad? |Navegantes Literarios

Escrito por: Gustavo Revilla G. | Jóvenes Plumas

Ensayo literario sobre el gran salto de la humanidad.

El día 30 de mayo de 2020 será recordado como una fecha histórica. Por primera vez, una compañía privada llegó al espacio, apoyada, por la inversión pública y la experiencia de la NASA.

Los temas referentes al espacio han atraído de sobre manera a las personas, en parte, debido a lo que representa que algo tan diminuto, como lo es el ser humano, pueda conquistar la inmensidad del universo.

¿Cómo no emocionarse mientras visualizamos (en el confinamiento) a través de nuestras ventanas virtuales el lanzamiento del Falcon 9 de SpaceX? Escuchamos el conteo regresivo e inconscientemente, o a propósito, replicamos al unísono aquella voz: five, four, three, two, one; vapores, humos, luz y calor, todos liberados a partir de transformación de la energía potencial, puesta la reacción en los inmensos tanques de combustible, hasta convertirse en energía cinética. –Sí, los productos de las reacciones rodean la obra maestra de la ingeniería-. Lo vemos despegar y encaminarse al espacio, distanciandose de nuestra vista, haciéndose cada vez más pequeño, luciendo más y más lejano.

Comienza la fase dos y el Falcon 9 con su figura gigante, intimidante, monstruosa, comienza a separarse, dejando detrás las piezas que ya no requiere. Se desprende la primera etapa y comienza a regresar de nuevo a la superficie. La cápsula espacial crew dragon, que transporta a los héroes que se enfrentarán al espacio, deja atrás de sí, metales, circuitos, tecnología de punta y un planeta Tierra que se encuentra de cabeza. Mientras los dueños (orgullosos) de la compañía SpaceX observan en vivo como sus hombres se enfrentan a la gravedad 0, mientras que el resto de la población mundial se enfrenta a la gravedad pandemia.

Ese mismo día, según datos de la Organización Mundial de la Salud OMS, se registraban “105 mil defunciones confirmadas por coronavirus” en el territorio estadounidense, “1.81 millones de casos confirmados y 397 mil pacientes recuperados”. Representando un tercio de los casos confirmados a nivel mundial y el 15% de los recuperados a nivel mundial.

Llegan las imágenes de la cabina con fotos de los astronautas. ¡Que bonitos trajes espaciales!, minimalistas, elegantes ajustados y heroicos; hechos por la misma mano que diseñó los trajes de los superhéroes de los cómics puestos en las pantallas grandes, del orgullo mexicano: José Fernández.

Y esto nos hace pensar por un momento, que en esta ocasión ante la invasión del COVID-19, ahora los superhéroes visten batas, cubrebocas y exponen su vida día tras día su vida para salvar a sus semejantes: nuestras y nuestros médicos, todos los trabajadores de la salud. Lamentablemente, ellos no aparecen en las pantallas grandes, o los encabezados de los periódicos, ellos, ni siquiera pueden hacer acto de presencia en sus hogares pues deben trabajar horas extras y a marchas forzadas en sus hospitales. –No lo olvidaremos-.

Y justo en este periodo en que la humanidad lucha entre la vida y la muerte, muy arriba, sigue su curso. La noticia #EnVivo ha retumbado en todo el mundo, las imágenes, lastimosas, lamentables e inhumanas lo han hecho también, vivimos un antagonismo. Y si le sumamos a estos paralelos, podemos decir que las mismas manos que se usan para controlar la maquinaria que permite llevarnos al espacio, son también, las manos usadas para quitar la vida de un ciudadano. La humanidad puede crear o destruir su propio futuro.

El mundo entero se asombra al ver la puesta en escena de un cohete listo para ir a mundos extraños; resultado, de la inversión de $7,200 millones de dólares; impulsado por un motor de propulsión, que emite una columna de fuego con destino al espacio. Todos los periódicos incluyeron las imágenes, medios nacionales e internacionales, y nos decimos ¡Que magnifica es nuestra humanidad!, y como sorprende su conquista del mundo tecnológico y espacial. Y, claro que es un hecho de gran relevancia, no cabe duda, pero, algunas veces surge el cuestionamiento ¿Por qué los medios de comunicación le dan más importancia a una noticia y descartan otras de igual relevancia?

¿Por qué no hay problemas en publicar sobre las llamas de un cohete espacial en su escapada de la tierra y no se habla de las otras flamas escondidas? Si, aquellas que expresan (antes de la explosión) el hartazgo del racismo, clasismo e impunidad ¿Acaso estamos esperando a que otros mueran para ahora si publicarlo y manifestarse?

¿Para qué humanidad van dirigidos los saltos?

-Un gran paso para la humanidad-, decimos por el progreso tecnológico que llega a nuestras manos; ávidos por obtener el último modelo smartphone del mercado, con mejores procesadores internos y cámara dinámica; y entonces, dejamos de lado, los pasos hacia delante como sociedad. No hay medallas, para aquellos que hacen misiones (por subsistir) que caminan sin cuidado alguno, entre las tierras rocosas o desiertos áridos; por los que arriesgan su vida y por sus seres queridos, migrando por rutas peligrosas hasta el otro lado, o de aquellos que durante horas o días atraviesan sin descanso las montañas para conseguir agua, de todos que con lo poco de tienen lo ofrecen a los demás.

¿Cuándo equilibraremos los avances tecnológicos, el crecimiento económico y empresarial, con la igualdad social? Y se prevé que empeore.

En las predicciones más optimistas de los organismos internacionales económicos estiman un periodo de crisis de dos años, mientras los más pesimistas – o realistas – disparan la cifra hasta diez años. Las personas “de a pie”, los 34 millones de pobres que deja la pandemia en el mundo, van a enfrentar una prolongada emergencia económica que al igual que el COVID-19 se contagia con gran facilidad. No es necesario ni un estornudo o un saludo de mano entre ámbitos sociales y sectores vulnerables para ser susceptible a ella, y teniendo efectos secundarios en lo laboral, delincuencial o escolar, al final nos llegará a todos, si no se hace nada. Ojalá pudiéramos solucionarlo tomando la sana distancia, pero no es así.

Suena hasta extraño, mientras muchos no podrán salir a visitar ni lo destinos turísticos de su propia ciudad, algunos pocos, muy pocos en proporción, podrán comenzar a planear cumplir sus excentricidades y salir del planeta. Y es que esta situación, como si la vida fuera un gran ciclo, que nos pone a prueba para ver si hemos aprendido algo, sigue replicándose, -la historia está condenada a repetirse-. Aunque las consecuencias de una pandemia y un confinamiento mundial van a aterrizar en todos los ámbitos, hay algunos que entre banalidades se quejan de tener unos pesos menos entre el millón que guardan.

Son personas que se preocupan para invertir en su próximo viaje turístico fuera de la Tierra; aquellos que el profesor Halyve Hernández Ascencio acertadamente ha denominado como “los pudientes”, en su libro “El hartazgo absurdo de los pudientes”; aquellos que no utilizan un traje de José Fernández (si es que no lo terminan comprando para su colección), pero sí, diseñados por Alessandro Michelle o Virgil Abloh. Aquellos trajes que usan el oxigeno que hace falta al resto de la población, cada día más asfixiada.

Leer: “EL HARTAZGO ABSURDO DE LOS PUDIENTES” de Halyve Hernández.

Entonces, se repite la pregunta ¿Por qué existe más de una humanidad? ¿por qué no nos sentimos beneficiados por igual? Pareciera que los pasos adelante están destinados sólo de la punta de la pirámide para arriba, mientras que el 80% de la población los carga.

¿Por qué no invertir para que esos avances tecnológicos cambien la realidad de esos 34 millones? ¿Por qué no dar progreso a todos desde una vida digna, educación y crecimiento por igual? ¿Cuándo se perdió la unidad? O ¿Nunca hemos dado ese gran paso por la humanidad?

El 30 de mayo de 2020, pandemia, confinamiento, racismo, clasismo, crisis, desigualdad e impunidad. Se miró a la Tierra de lejos, ahí, donde todo se ve más igual, los mismos insignificantes puntos en la inmensidad del universo, ¡Que lujo! -Aunque en viajes anteriores de la NASA, el astronauta mexicano José Hernández se lo ganó con el sudor de su frente- ¿cuántas personas podrían ocupar un asiento de 55 millones de dólares para poder disfrutarlo y dejar atrás lo difícil de la vida? Tal vez, los que nos quedamos en la base, no pudimos observar la Estación Espacial Internacional, sin embargo, podemos ver el despertar de la humanidad, por las que muchas gotas que se han derramado del vaso.

Que los pasos, los saltos y la conquista de la tecnología se dirija a todas las humanidades, que los búnkers nos protejan a todos.

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