ODS 2: Hambre Cero |México COVID-19

Fuente: El Faro Luz y Ciencia, martes 21 de abril de 2020, CDMX.
Escrito por: Cristian Emmanuel Roblero Pérez* Miembro de la Red Juvenil El Faro/Agenda 2030.

Nos encontramos ante una de las batallas más complicadas y dolorosas para la sociedad internacional moderna. Pero en esta ocasión no hay países rivales, sino la humanidad y sus sistemas contra la pandemia causada por el COVID-19, mismo que genera repercusiones en casi todos los sectores económicos y sociales.

Entre los sistemas más lastimados son los sanitarios y financieros, sin embargo, hay áreas cuyas afectaciones aún no se han dimensionado por completo.

COVID-19 amenaza la seguridad alimentaria global, “crisis en medio de la crisis es posible”.

La ONU advierte que uno de los peligros latentes, es una severa crisis alimentaria, debido a los impactos que se esperan del COVID-19 contra los sistemas alimentarios del mundo, lo que afecta directamente al segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas: Hambre Cero.

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Es un hecho que en estos momentos críticos, las medidas sanitarias son primordiales para superar la pandemia del COVID-19, pero también lo es crear estrategias para anticipar la llegada de una crisis alimentaria y evitar tragedias adicionales.

Dominique Burgeon, Director de la División de Emergencias y Resiliencia de la FAO, menciona que  “Incluso antes de la llegada del COVID-19, 113 millones de personas en el planeta se enfrentaban ya a una grave inseguridad alimentaria aguda debido a conmociones o crisis preexistentes. Esto significa que se encontraban en una situación extrema dentro del espectro del hambre: débiles y menos preparados para defenderse del virus”.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura  FAO, los principales causantes de las crisis alimentarias se agrupan en tres grandes categorías: i) conflicto e inseguridad; ii) condiciones climáticas extremas y peligros naturales; y iii) conmociones económicas. Al respecto, algunos países ya se encontraban en alguno de estos grupos.

Por otro lado, la FAO menciona que algunas de las acciones para hacer frente a la crisis son: mantener activa la cadena de suministro de alimentos en todos sus niveles, brindar todas las facilidades a los agricultores para seguir produciendo, continuar con el comercio internacional, mantener la estabilidad en los precios de los productos básicos y sobretodo prestar especial atención a los grupos vulnerables de cada país, ya que ellos son quienes estarán más expuestos a situaciones de inseguridad alimentaria.

Tal escenario demanda acciones conjuntas donde se involucren gobiernos, organizaciones internacionales, iniciativa privada y sociedad.

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Por otro lado, una publicación reciente de la misma organización internacional titulada, Anticipating the impacts of COVID-19 in humanitarian and food crisis context, señala que el impacto real de la pandemia de COVID-19 en la seguridad alimentaria a mediano y largo plazo, aún es difícil de predecir, pero que se pueden identificar algunos factores de riesgo con ayuda de experiencias pasadas.

En efecto, es necesario retroceder un poco en el tiempo para entender las implicaciones de una crisis alimentaria dentro de una crisis sanitaria. Dominique Burgeon, explica que se encuentran algunas similitudes entre la actual pandemia y el brote del Ébola en África occidental en 2014, menciona que, “en aquella ocasión la cadena de suministro del mercado agrícola se vio perturbada. Debido al virus muchos campesinos no pudieron cultivar o vender sus cosechas. Y a ello se le añadió la falta de mano de obra, afectando así las cosechas de ese año”. En Liberia el 47 por ciento de los campesinos no pudieron cultivar.

En el mismo tenor, el Director de la División de Emergencias y Resiliencia de la FAO, también indicó que, “las restricciones y los cierres de los mercados interrumpieron los flujos alimentarios y de productos de primera necesidad. La escasez de bienes provocó un aumento de los precios de los principales productos básicos. El impacto nutricional se atribuyó sobre todo a la reducción del acceso a los alimentos, impulsado por una caída de la actividad económica que redujo el poder adquisitivo de las familias”.

Como se puede apreciar el papel de cada actor en la cadena de suministros, que va desde el productor hasta el consumidor, es fundamental para asegurar el acceso a  los alimentos. La necesidad de mantener el correcto funcionamiento de los sistemas alimentarios, se hace más y más fuerte conforme se agudizan los efectos del COVID-19.

Omitir estos aspectos no solo podría llevar a regiones al borde de la hambruna, sino someter a la sociedad a mayores tensiones por ver amenazados sus medios de subsistencia.

Lo anterior supone un gran reto para las políticas desarrolladas a partir del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2: Hambre Cero de la Agenda 2030, particularmente en las siguientes metas:

2.1 Poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas, a una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año.

2.b Corregir y prevenir las restricciones y distorsiones comerciales en los mercados agropecuarios mundiales.

2.c Adoptar medidas para asegurar el buen funcionamiento de los mercados de productos básicos alimentarios y sus derivados a fin de ayudar a limitar la extrema volatilidad de los precios de los alimentos.

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Es necesario que las Naciones y Organizaciones sigan asumiendo sus compromisos y continúen con el financiamiento de los programas alimentarios activos y de ser posible amplíen sus alcances. Así mismo, adicionar estrategias derivadas de mesas de trabajos regionales e internacionales, Lo anterior será de vital importancia para continuar con el cumplimiento de este ODS 2: Hambre Cero, en medio de la pandemia.

Por su parte, países latinoamericanos en coordinación con la FAO ya se encuentran trabajando para diseñar políticas y compartir experiencias que ayuden a contrarrestar los impactos del COVID-19 a la seguridad alimentaria.

En una reciente declaración publicada a través de la página oficial de la FAO, los Ministros y Secretarios de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Desarrollo Rural de 25 países de América Latina y el Caribe, entre los que se encuentra México, informaron sobre las medidas que están tomando a fin de “asegurar el abastecimiento de alimentos suficientes, inocuos y nutritivos para los 620 millones de consumidores de nuestra región”.

En esta importante declaración se menciona que actualmente hay suficiencia de alimentos para garantizar el abasto a los mercados de la región. “Los stocks globales de los principales alimentos están en un buen nivel, y las cosechas en los principales países productores han sido buenas”. Se menciona que alrededor de 18 millones de personas dedicadas al sector agropecuario continúan trabajando los campos de la región.

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Dichos representantes, hacen un llamado a los actores del sistema alimentario a impedir la especulación en los precios internacionales de los alimentos, dado que actualmente el panorama de la oferta de alimentos es buena, no hay razón que justifique la suposición. Sin embargo, muchos de los escenarios futuros dependen de la duración de la actual pandemia; una mayor duración sometería a mayor presión al sistema alimentario.

Nuevamente los países latinoamericanos llamaron a mantener con vida la cadena de suministros “si todos los países nos esforzamos en mantener funcionando las cadenas locales, nacionales, regionales y globales de abastecimiento, podremos asegurar los alimentos de forma sostenible para toda la población”.

Entre las medidas descritas se encuentra:

  • Asegurar el funcionamiento de los mercados mayoristas locales, regionales y nacionales, asegurando su liquidez, el acceso a ellos de los productos y de los trabajadores.
  • Implementar programas de emergencia para prevenir las pérdidas y desperdicios de alimentos, incluyendo aquellas que estimulen y faciliten el funcionamiento de bancos de alimentos.
  • Monitorear en forma constante las cadenas logísticas, especialmente aquellas que incluyen dos o más países,
  • Introducir y fomentar el uso de plataformas y aplicaciones de comercio electrónico de alimentos y otras medidas que permitan reducir el impacto de la sana distancia social y para favorecer cadenas con un menor número de intermediarios entre productores, comercios pequeños y medianos en los barrios, y consumidores.

Finalmente, por parte de México, ya han tomado algunas medidas para la seguridad alimentaria, donde a través de un comunicado conjunto la Comisión Nacional del Agua CONAGUA y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural SADER, en atención a las prioridades que ha establecido el Ejecutivo Federal para mitigar los riesgos en los sectores de salud, alimentación y bienestar social derivados del impacto por la epidemia del virus SARS-CoV2 (COVID-19), conjuntarán esfuerzos de colaboración con los Agricultores, a fin de mantener la productividad hidroagrícola ante esta situación.

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La diferencia entre actuar ahora y después, se medirá en el número de personas que requerirán asistencia alimentaria, además de la sanitaria. Finalmente es necesario recordar lo mencionado por el Secretario General de la ONU ante esta pandemia. “Esta es, sobre todo, una crisis humana que llama a la solidaridad”. 

Twitter: @cristian_dex 

 

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