Dos caras de dos monedas diferentes: óptica estructural de las elecciones intermedias de EEUU 2022

Fuente: El Faro Luz y Ciencia, lunes 7 de noviembre de 2022, Ciudad de México

Por: Miguel Cabrera

Tiempo de lectura: 5 mins.

Es imprescindible hacer una lectura, menos coyuntural y aislada, que estructural y de largo plazo en torno al tema de las elecciones intermedias de Estados Unidos, las cuales se llevarán a cabo el martes 8 de noviembre de 2022. Es ya usual que estas elecciones suelen ser menos analizadas y observadas que las presidenciables de cada cuatro años; no obstante, las intermedias de este año son distintas de las anteriores por cuanto el contexto internacional se suma o abona a su desempeño. Me explico.

En primer lugar habría que recordar que el surgimiento de los soberanismos y sus esferas de regionalismo creativas se explica como una consecuencia o reacción ante el neoliberalismo financierista y privatizador (inaugurado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan en la década de los ochenta) que desarmonizó la distribución del ingreso, lo que conllevó un significativo aumento de la pobreza en los países occidentalizados y un notable descenso en los índices de bienestar. La desglobalización de estos estándares, que es la que ahora vivimos, y que se da a la par de una notable interdependencia en las comunicaciones gracias al internet, implica la disminución del poder del dólar, otrora hegemónico gracias a las armas nucleares de Estados Unidos pero dependiente del petróleo, recurso energético que lo sostiene y apalanca desde que Washington abandonase el patrón oro en 1971. El carácter de este fenómeno es lo que explica el surgimiento de un presidente atípico como lo es Donald Trump en la súper potencia norteamericana, quien pese a ser republicano, se opuso a las políticas neoliberales y desindustrializadoras del off-shoring que ambos partidos prohijaron previamente, las cuales desplazaron la manufactura, y con ello el Producto Interno Nacional a otros países como China, el cual se volvió una potencia exportadora e industrial, disminuyendo así el poder económico del país americano.

En segundo lugar habría que destacar que desde 1971 hasta 2001 la implementación del sistema petrodólar hizo gozar a los estadunidenses de un período de bonanza debido a la nueva posibilidad tecnológica/computacional de imprimir dinero (facilitación cuantitativa de la Reserva Federal) cuando fuese necesario, lo que consolidó la alianza con países productores de petróleo como Arabia Saudita. Desde entonces y en connivencia con las monarquías musulmanas, Washington tuvo el control exclusivo del precio del petróleo. No solamente esto permitió descender su precio para acabar con la Unión Soviética (lo que condujo a la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989) sino que ahora los saudíes como imprescindibles aliados recibieron dólares a cambio del valioso energético así como apoyo militar contra sus enemigos en el orbe oriental.

El desequilibrio económico de Estados Unidos que condujo a la pérdida del poder adquisitivo del dólar y el gradual empobrecimiento de su población se manifestó como la suma de los fenómenos previamente descritos: la gradual pérdida de la producción en la economía real (bienes y servicios) que es una parte del PIB, por una parte, y la desorbitante impresión de dólares de la Reserva Federal, que multiplica artificialmente a través de las artes financieras el valor del barril de petróleo y con ello del crédito a futuro de la Casa Blanca. Ello explica tal vez las fallidas intervenciones militares en Medio Oriente. Se necesitaba más petróleo para pagar la deuda de las décadas previas y para garantizar ese crédito en los años venideros. El resultado es el de EEUU como el país más endeudado del mundo sin capacidad económica (producción interna) para paliarla. Así, la administración de Joe Biden de algún modo ha aceptado el surgimiento de los regionalismos (y por tanto de la desglobalización financierista) a través de la implementación del near-shoring (algunos también le llaman ahora ally-shoring), que no es sino relocalización de importantes sectores económicos e industriales dentro de la esfera de influencia de Washington, en la que por cierto México juego un papel preponderante en el ámbito del T-MEC norteamericano con el episodio de la extracción del litio, mineral estratégico por cuanto permitirá el desarrollo, entre otras cosas, de los misiles hipersónicos con los que EEUU muy probablemente seguirá defendiendo el sistema petro-dólar.

Quizás la relocalización y nuevas facilitaciones cuantitativas de la Reserva Federal podrían volver trivial el papel de actores como Donald Trump pero se vuelve inevitable añadir una variable más dentro del juego político interno de EEUU. Fruto de la combinación de la crisis económica generada tras la irrupción de la pandemia C19 aunada a la impresionante espiral inflacionaria originada a raíz de la guerra en Ucrania, conflicto financiado en gran medida con apoyo de Washington, el trumpismo como sinónimo de recuperación económica e industrialización volvió a colocarse en la escena electoral y en las mesas de análisis así como en la intencionalidad de voto.

Vale la pena poner el acento en un aspecto nodal de la guerra en Ucrania, a saber, que esta ha terminando de catalizar la redistribución de las fuerzas que generan importantes vórtices de gravedad hacia Oriente y Occidente, aparentemente dos polos antitéticos, pero claramente delineados cómo proveedores de sistemas-mundo. Con ello, la esfera asiática, con su cosmovisión e historia particulares, ha comenzado un proceso de emancipación del eje dolarcentrista fundamentado en el trinomio de sus pletóricos hidrocarburos, los misiles hipersónicos de Rusia y la fortaleza económica de China.

En relación al giro asiático al que se ha tornado la fuerza de gravedad económica y de recursos naturales es importante destacar el más reciente acercamiento de Arabia Saudita a Rusia y China. A esta último ha habido un giro por la posibilidad cada vez mayor que tiene Riad de comerciar su petróleo en un circuito de yuanes en vez de dólares, una divisa que ha tenido un declive en su poder económico en los últimos treinta años, y al Kremlin debido a la importancia del bloque de la OPEP+ cuyos miembros en su mayoría, por cierto, comportan un inherente bloque geoasiático. Este fenómeno en el marco de las elecciones intermedias es el primer factor de cuatro que he detectado que juegan como agentes modificadores del entorno doméstico de Estados Unidos.

El segundo es la reciente victoria de Lula en Brasil pero que tiene más sabor a bolsonarismo deslactosado en la medida en que el indiscutible líder latinoamericano tuvo que acercarse al electorado evangelista y declararse en contra del aborto para ganar la intencionalidad de voto del sector más conservador del gigante sudamericano.

El tercero y como indicativo de un posible regreso del excasinero a la presidencia de EEUU es la también reciente victoria en Israel de Netanyahu, aliado de Trump y Jared Kushner. El capítulo cristianos-sionistas merece una consideración especial.

El cuarto es la decisiva importancia que representa la adquisición de Twitter por parte de Elon Musk, el hombre más rico del mundo y otro aliado de Trump. La plataforma juega un papel indispensable en la comunicación estratégica y viral de los acontecimientos políticos más importantes del mundo. En fechas recientes el fundador de Tesla ha resucitado las cuentas bloqueadas de numerosos influencers estadunidenses republicanos justo antes de las elecciones intermedias, y de otro tanto a nivel internacional de cuentas bloqueadas por criticar la instrumentalización del algoritmo y las granjas de bots.

De este modo, las elecciones intermedias en 2022 no son solamente de facto un referéndum del gobierno de Biden como en situaciones normales también lo podrían ser, sino la contienda de cara a las elecciones de 2024 y el posible triunfo de la agenda republicana de corte trumpista, la cual podría poner fin, de hacerse con la presidencia, al conflicto en Ucrania, y con ello fin a una parte de la peligrosa inflación que está acabando con el nivel de vida del ciudadano promedio estadunidense, así como la probable implementación de algún acuerdo que permita a EEUU negociar su espacio vital en el nuevo orden multipolar de naciones que se gesta con el nacimiento de la alianza euroasiática dirigida por Rusia y China ciertamente, pero que subsume al importante conjunto de países que abanderan la antihegemonía occidental como Irán, India y Turquía, aunque este último también suele posicionarse en algunos aspectos en sincronía con las potencias del llamado Norte Global.

La realidad es que independiente del partido, demócrata o republicano por igual, es más bien el enfoque geopolítico, neostraussianismo vs trumpismo económico lo que está por definir el futuro inmediato de EEUU, es decir, el declive de la hegemonía de Washington es inevitable; sólo hace falta ver si se dará por las armas (de los súper halcones) o de manera diplomática al intentar un acercamiento no beligerante a la nueva alianza euroasiática.

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Miguel Cabrera (Ciudad de México, 1988) es analista multidisciplinario de asuntos internacionales, economía y cultura, egresado de la UNAM. Es editor independiente y fundador del proyecto para la promoción de la paz Arcadia México.

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