8M: Ser mujer es un acto de valentía

Por Dora Isa González

Cada 8 de marzo las calles del mundo recuerdan algo muy simple: las mujeres han tenido que luchar por lo suyo, porque la cancha no ha sido pareja y aunque haya opinología de todo: el feminismo es la bandera de la igualdad y de querer lo justo.

El origen de esta fecha viene de las luchas obreras de mujeres a inicios del siglo XX, cuando en un 1908, trabajadoras textiles en Nueva York protestaron por jornadas laborales más justas y salarios dignos frente a la quema de una fábrica en que murieron a sangre fría varias de ellas. Dos años después, la activista alemana Clara Zetkin propuso establecer un día internacional de las mujeres trabajadoras, y en 1975 la ONU lo reconoció oficialmente. Desde entonces, el 8 de marzo no es una celebración, es una memoria colectiva de lo que costó cada derecho.

Pero cada país vive este día con sus propias heridas y progresos, reflejados cada año en esta marcha que tendrá lugar este domingo ¿ya listas?

Por nombrar algunos países: en España, las marchas del 8M han puesto sobre la mesa la desigualdad salarial y la corresponsabilidad en los cuidados. En Argentina, el movimiento Ni Una Menos transformó la conversación pública sobre feminicidios. En Islandia, uno de los países más igualitarios del mundo, las mujeres han organizado paros nacionales para exigir cerrar la brecha salarial que aún existe. Incluso en ciudades como Bogotá o Santiago de Chile, las marchas feministas han logrado reformas en políticas contra la violencia de género y mayor reconocimiento del trabajo de cuidados. Habrá críticas porque en ciertos sitios sea más expositiva que otras, pero se ha alcanzado logros.

En todo el mundo el 8 de marzo se parece por lo que nos ha pasado y por lo que deseamos que pase. Las mujeres salimos a la calle cuando la igualdad todavía no llega a la casa, al trabajo, a la vida pública o solo parcialmente; por tanto, podemos decir, que todas estamos en el mismo barco sin importar de donde somos, no hay de otra.

En México, nuestro querido país que hoy tiene una presidenta mujer y una jefa de gobierno en CDMX, a pesar de ello, las razones sobran para seguir en lucha y manifestándonos. Lean esto: hoy 10 mujeres son asesinadas al día, una cifra que se ha vuelto dolorosamente cotidiana; a eso se suma que más del 70% del trabajo de cuidados no remunerado lo realizan mujeres, lo que limita sus oportunidades laborales y económicas; y a pesar de que hoy la paridad en todo es una obligación jurídica en la elección de cargos públicos, siguen las resistencias. ¿Cuántas las mandado a áreas “muy de mujeres” cuando todo asunto publico afecta a ambos géneros? ¿O cuántas más han sufrido que las manden a distritos perdibles inclusive afectando su propia estrategia partidista -y que es contraria a la identidad local (porque no es de rajarse sino de ser congruentes) y que, cuando después de mucho trabajo se ve ganable, se da a un hombre? Hoy no hay Adelitas, pero hay decisiones no paritarias adornadas.

Por eso el 8M en México no es solo una marcha: es un grito acumulado de recordar que apenas en 1955 fue la primera vez que las mujeres votaron en nuestro país, cuando en Europa ya lo hacían desde principios del 1900; que la normalización de violencia total en todos los ámbitos de la sociedad, debe comprenderse que este por lógica se agudizado aún más en las mujeres; y que sigue siendo desigual las oportunidades que se les da. Contrario a lo que se cree, aunque en ciertos sitios y sectores se permite el crecimiento profesional de las mujeres, no por ello, se equilibrado el rol de los cuidados, terminando las mujeres trabajando X2, por su meta profesional y por el cuidado en casa. ¿Qué esperamos para ponernos en los zapatos y que haya más masculinidad en vez de machismo?

En un mundo que se ha polarizado en todos los asuntos, es comprensible que lo que se trate de feminismo sea visto como negro y blanco, como una disputa por quien estará más arriba en el rol de género, y quizá es una mala interpretación hecha por la teoría de las luchas de clases, sin embargo, como mujer que ha leído el origen del feminismo y lo ha vivido debo decir que a diferencia de la natural lucha jerarquizada del poder machista, que ha desaparecido de la historia el rol fundamental femenino para dejarlo en lo escondido, en la casa; las mujeres feministas lo que defendemos ES LA IGUALDAD DE CONDICIONES, porque muchas queremos creer que ambos podemos vivir mejor y crecer más hombro con hombro y que el rol de la mujeres es completo como el del hombre, porque hablamos de humanidad.

Por tanto, el 8M de México, se protesta por la violencia, por la impunidad, por las desapariciones, por las brechas salariales, por el derecho a decidir y por el reconocimiento del trabajo doméstico. También por algo más profundo: el derecho a caminar sin miedo. Y sí, México hoy tiene algo histórico: una mujer presidenta, lo que representa un símbolo poderoso, pero también es una verdad incómoda que muchas mujeres dicen en las calles: que una mujer llegue al poder no significa que todas hayan llegado todavía.

Porque mientras una rompe el techo de cristal, millones siguen barriendo el piso pegajoso de la desigualdad; y si bajamos la conversación al terreno chilango —al barrio, al metro, al trabajo informal, a las colonias— la realidad es clara. En la Ciudad de México miles de mujeres siguen enfrentando transporte inseguro, empleos precarios y dobles jornadas entre trabajo y cuidados. No hay piso parejo.

El reto ya no es solo marchar una vez al año.

Lo que falta es política pública concreta: un sistema de cuidados robusto, presupuesto suficiente para prevenir la violencia, fiscalías que sí investiguen feminicidios y políticas laborales que cierren la brecha salarial. También ciudades diseñadas con perspectiva de género: transporte seguro, iluminación, espacios públicos pensados para las mujeres.

Porque el 8 de marzo no es un día para felicitar. Es un día para incomodar.

Y mientras haya mujeres que sigan marchando para que se respete lo básico —la vida, el salario, la libertad— el mensaje seguirá siendo el mismo, desde cualquier barrio de la Ciudad de México hasta cualquier plaza del mundo:

La igualdad todavía está en construcción.

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