2026: Año del Mundial ¿Qué nos toca en CDMX?

Por Dora Isa González

En la CDMX tenemos dos tipos de emociones cuando se acerca un Mundial: la del “ahora sí nos va a tocar ver historia” y la del “¿y a nosotros quién nos va a explicar cómo vamos a sobrevivir al tráfico, a los precios y al caos amable del turismo?”. Porque ese Mundial 2026 de un balón rodando en los anuncios publicitarios, también es una prueba de estrés para una de las ciudades más conurbadas del mundo, para sus barrios, sus banquetas, sus camiones, sus hoteles, sus ciclovías, sus policías, y por supuesto para el bolsillo del chilango de a pie que no va a pisar un estadio, pero sí va a pagar el costo de vivir en una ciudad que de pronto se convierte en vitrina mundial.

Empecemos por lo básico, con fechas y con realidad, la Copa arranca el 11 de junio de 2026 y termina el 19 de julio de 2026.  Y ¡claro!, la CDMX se lleva la joya simbólica: el partido inaugural será en nuestro querido Estadio Azteca, rebautizado para FIFA como “Mexico City Stadium” el jueves 11 de junio de 2026 con México en cancha.  Ese mismo estadio tendrá cinco partidos en total, incluyendo fases de eliminación directa (32avos y 16avos). 

Hasta ahí suena a orgullo nacional, postal perfecta, “la capital del futbol”, pero … el Mundial no llega solo, llega con su prima la demanda, con su tío el oportunismo y con su compadre el “ahorita vemos”. Y donde ya vemos signos de ansiedad y oportunidad como dos caras de una misma moneda es: en el hospedaje.

Hospedaje: el Mundial también se juega en Airbnb y en el recibo del hotel

Para que el ciudadano de a pie lo tenga sin letras chiquitas, es importante poner en la mesa que cuando una ciudad se llena, en la misma dimensión, se encarece, y el que paga no siempre es el turista, muchas veces paga el vecino.

Hay reportes recientes que muestran aumentos fuertes en renta turística y hospedaje: en CDMX se han documentado incrementos de precios en Airbnb de hasta ~155% para inicios de junio de 2026 y un salto de demanda en ciudades sede medido por analítica del sector; y qué decir de los socios conductores que ya les piden un documento de validación que no pueden sacar y es responsabilidad de la plataforma, aún así, a quienes detienen es a ellos.  En hoteles y traslados, la conversación ya no es “subió tantito”, sino “¿esto es real?”: se están manejando proyecciones de ocupación alta (80–85% en días de partido) y alzas de tarifas muy agresivas para esas fechas. 

Y luego está el punto político que poco se ha dicho pero ahí está: Airbnb no es solo turismo, también es vivienda en disputa. CDMX llegó al Mundial con una regulación aprobada pero a la vez con una aplicación todavía floja o pendiente en varios frentes, y con una presión pública creciente por el impacto en rentas y disponibilidad.  El resultado es predecible: el mercado se adelanta, especula, reserva, infla, y el barrio lo resiente, porque el barrio no puede mudarse “solo por un mes”.

Boletos: cuando la pasión se topa con precios dinámicos y reventa creativa

Ahora, los boletos: la FIFA se está moviendo con fases de venta y un ecosistema digital que suena ordenado, pero en la práctica, es terreno fértil para la frustración y el fraude si la gente no se informa. FIFA ha publicado sus sales phases (fases de venta) para el Mundial 2026 y en paralelo, los medios internacionales han reportado el uso de precios dinámicos y rangos de entrada que arrancan alrededor de USD $60 en ciertos escenarios, con polémica incluida por accesibilidad. 

En México, además, el tema reventa tiene su propio sabor, porque aquí no es “reventa = normal”, aquí es “reventa = te pueden ver la cara”, y por eso se ha hablado de mecanismos oficiales de intercambio y de vigilancia para evitar fraudes.  Traducción chilanga: si alguien te ofrece “el boleto inaugural baratísimo por inbox”, no es solidaridad futbolera, es carnada.

Movilidad y barrio: la ciclovía de Tlalpan, ¿herencia buena o experimento a medio hacer?

Y ahora sí: el tema que divide sobremesas y claxons es la ciclovía en Calzada de Tlalpan. En teoría, una ciclovía rumbo al Mundial debería ser la mejor metáfora de una ciudad moderna: menos coche, más movilidad activa, conexión con el estadio, legado urbano. En teoría…

En la práctica, lo que se ha documentado en semanas recientes es un coctel de obra inconclusa, cruces inseguros, tramos sin confinamiento, conflictos con transporte público y percepción de caos vial, con vecinos y usuarios señalando falta de señalización y riesgos cotidianos.  Y aquí la pregunta no es “¿ciclovía sí o no?”, esa es la trampa simplona, la pregunta real es: ¿estamos construyendo un legado de movilidad o estamos improvisando una obra para la foto, dejando al ciudadano como conejillo de indias?

Si y solo si la ciclovía queda bien, puede ayudar muchísimo: mejor acceso multimodal, reducción de embotellamientos locales, más seguridad para ciclistas y peatones, y una narrativa internacional de ciudad sustentable; pero si queda “a medias”, si el cruce es peligroso, si el camión invade, si la gente no sabe por dónde, entonces no es legado, es fricción diaria, y lo que iba a ser orgullo se convierte en “otra obra más que nos complicó la vida”.

Vaya, el Mundial no perdona la improvisación: el visitante se pierde una vez y se va a redes; el barrio se pierde diario y se queda con el problema.

Fan Fest: fiesta gratuita, sí, pero con orden, seguridad y derechos

En lo simbólico, el Fan Fest es donde el Mundial se “democratiza” y hay que reconocer esa iniciativa en las sedes mexicanas (CDMX, Jalisco y Nuevo León) -comparado con otros Fan Fest estadounidenses que tendrán costo-, porque comprendieron que “No todos entran al estadio, pero todos pueden vivir el ambiente”. En CDMX, el plan oficial ha hablado de un FIFA Fan Festival en el Zócalo y con festivales futboleros gratuitos en las 16 alcaldías, con transmisión de partidos en vivo y ambiente.  Eso, bien hecho, puede ser una maravilla chilanga: cultura, espacio público, convivencia, economía local, barrio vivo.

Pero hay dos detalles que no se pueden barrer debajo de la alfombra: seguridad y acceso. En otras sedes ya se discute si se cobra o no se cobra: por ejemplo, en Norteamérica ha habido debate porque algunas ciudades contemplan cobros, mientras otras insisten en modelos gratuitos.  Toronto, por ejemplo, ha promocionado su Fan Festival como gratuito, así como Vancouver también ha presentado su festival con calendario dentro de la ventana del torneo. 

Si en CDMX se promete gratuidad, entonces hay que sostenerla con logística real: baños, rutas de acceso, puntos seguros, protocolos de protección civil, atención a niñas y niños, prevención de robos, y mecanismos de denuncia simples. Porque una sede de esa envergadura llena no es solo “ambiente”, es un microcosmos donde si algo falla, falla en grande.

¿Estamos listos? La respuesta chilanga: “depende… ¿de qué lado lo vivas?”

El gobierno puede hablar de derrama económica, y hay estimaciones nacionales que apuntan a millones de visitantes adicionales y miles de millones de dólares de impacto agregado para México.  Perfecto, suena bien. Pero el ciudadano de a pie se pregunta otra cosa: “¿esa derrama me va a tocar a mí o solo la voy a financiar con precios más altos, traslados más lentos y rentas imposibles?”. Y esa pregunta no es aguafiestas, es política pública básica.

Porque el Mundial es oportunidad real, sí: empleo temporal, consumo, turismo, imagen, inversión, y un empujón para arreglar lo que siempre se pospone. Pero también es riesgo real: especulación inmobiliaria, abusos de precios, fraudes, saturación de servicios, conflictos viales, y un incremento de delitos oportunistas contra visitantes y locales. Y ahí llegamos al punto que casi nadie pone como titular, pero que debería ser prioridad.

Propuesta: una Fiscalía Especial para Turistas, temporal y con dientes

CDMX ya tuvo esquemas de atención especializada a turistas en el pasado, y hay documentos oficiales que muestran incluso reestructuras donde se suprimió una agencia especializada en atención al turista en su momento.  Si el Mundial es un evento extraordinario, la respuesta institucional también debe ser extraordinaria: crear una Fiscalía Especial para Turistas (temporal por Mundial, con posibilidad de permanencia si funciona), con tres misiones simples y medibles:

  1. Que reciba denuncias en serio, no “vuelva mañana”, con módulos multilingües en puntos estratégicos (aeropuertos, zonas de Fan Fest, corredor estadio);
  2. Que coordine una célula anti-fraude digital y físico, porque el robo del Mundial 2026 no siempre será con pistola, muchas veces será con link, QR y depósito;
  3. Que conecte rápido con alcaldías y policías para atención inmediata, porque el turista confundido y el chilango asaltado necesitan lo mismo: respuesta rápida y clara

Y ojo: esto no es “consentir al visitante” y olvidarse del local. Es al revés: cuando blindas al turista, mejoras capacidades para todos, porque elevas estándares de atención, traducción, coordinación y reacción.

Cierre: que el Mundial no nos pase por encima

Cerrando queridos lectores, el Mundial 2026 va a llegar con cámaras, con cánticos y con millones de ojos encima, en que nuestra CDMX puede lucirse, sí, pero no con maquillaje, con operación quirúrgica. Es decir, que la ciclovía de Tlalpan sea legado y no pleito diario; que el Fan Fest sea fiesta y no zona de cacería; que el hospedaje sea oportunidad sin expulsar al vecino; que los boletos sean ilusión sin estafa; y que la ciudad no se vuelva ese chiste triste de “qué bonita se ve por fuera, qué duro se vive por dentro”.

Porque al final, la pregunta “¿estamos listos?” no la responde la FIFA, la responde el barrio. Y el barrio, cuando le cumples, te celebra; cuando lo ignoras, te lo cobra, aunque sea con esa frase que en CDMX lo dice todo, con risa y con filo: “Ah sí, estuvo increíble… pero a ver quién paga el after”.

Abrazos.

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