El Autosabotaje: el enemigo del barrio

Por Dora Isa González

El México profundo, el México de las calles donde se mezclan los puestos de comida, las risas de los niños y las conversaciones que resuenan al caer la tarde, es también un México atravesado por una lucha silenciosa: el autosabotaje. Ese enemigo íntimo que no viene de afuera, sino que nace dentro de cada persona y dentro de cada comunidad. El fenómeno no es nuevo; lleva décadas formando parte del comportamiento social, pero hoy es más evidente, más dañino y más urgente de enfrentar.

El autosabotaje en el barrio se manifiesta en frases conocidas: “¿Para qué lo intento si no va a salir?”, “Así estamos bien, para qué cambiar”, “Eso es para los ricos, no para nosotros”. Son expresiones que han impregnado la cotidianidad y que revelan un profundo sentimiento de inferioridad cultural e histórica. México arrastra heridas que no se cierran rápido: desigualdad, falta de oportunidades, exclusión sistemática, promesas incumplidas. Pero también arrastra una narrativa interna que repite que “no se puede”, que progresar es sospechoso, que aspirar está mal visto, que soñar grande es traicionar el origen.

El autosabotaje colectivo se convierte en un tapón al cambio. En las familias, cuando alguien quiere estudiar una carrera distinta o emprender un proyecto, muchas veces escucha antes el miedo que el apoyo. En la comunidad, cuando alguien propone mejorar el entorno, suele encontrar la burla o la crítica. En la política local, cuando surge una idea nueva, más de uno prefiere poner obstáculos antes que sumarse. Y en la vida pública, demasiadas personas se miran al espejo pensando que su voz no pesa, que su voto no importa, que sus pasos no pueden transformar su calle. Nada de eso es cierto. Pero la creencia en esa mentira es lo que alimenta la raíz del autosabotaje.

El escritor mexicano Octavio Paz alguna vez escribió: “La falta de confianza en nosotros mismos ha sido nuestra gran debilidad.” Esa frase, tan breve como profunda, retrata uno de los mayores problemas culturales del país. La desconfianza propia se hereda, se aprende en la escuela, en el barrio, en la historia contada a medias. Y cuando un pueblo no confía en sí mismo, construye techos invisibles que nadie más necesita imponernos: nosotros mismos los sostenemos.

Sin embargo, también en el barrio está la fuerza para romper ese ciclo. Donde hay autosabotaje, también hay resiliencia. Donde hay miedo, también hay creatividad. Donde hay dudas, también hay jóvenes que quieren cambiar el guion. Y es precisamente en las juventudes donde late la mayor potencia transformadora. Ellas y ellos no aceptan la condena de la resignación. No se conforman con la narrativa de que “aquí no se puede”. En cada colonia, en cada parque, en cada banqueta de Benito Juárez, Álvaro Obregón y toda la Ciudad de México, hay niñas y niños soñando con un país distinto. Y nuestro deber es no ponerles el pie, no sabotearlos, no repetirles las inseguridades heredadas.

Hoy México necesita un nuevo amanecer que nazca desde abajo: desde el barrio. Necesita que dejemos de creer que el progreso es para otros y que empecemos a entenderlo como un derecho propio. Necesita ciudadanos que dejen de competir entre sí por migajas y comiencen a construir comunidad. Necesita vecinas y vecinos que digan “sí podemos”, “sí lo merecemos”, “sí avanzamos”. Porque cuando el barrio se convence de su valor, la ciudad cambia. Cuando la ciudad se transforma, el país despierta.

Este ensayo no busca señalar culpables, sino encender una luz. Que cada persona mexicana reconozca cuándo se ha autosaboteado y haga un alto. Que cada familia cuestione sus frases automáticas. Que cada barrio se pregunte cuántas veces ha frenado a su propia gente. Y que cada joven sepa que no está condenado por la historia ni por las circunstancias: que puede escribir la suya, que puede romper los círculos que otros normalizaron.

Hoy, más que nunca, México necesita creérsela. Necesita romper con la inercia del pesimismo y abrazar una mentalidad de progreso real, colectivo y sin miedo. Que el enemigo del barrio deje de ser la voz interna que nos dice que no podemos. Que el nuevo amanecer empiece en cada calle, en cada rostro, en cada decisión.

Porque cuando el barrio se libera del autosabotaje, México entero encuentra su fuerza.

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